Bonadio lo aceptó el jueves como imputado colaborador, luego de que diera más nombres de empresarios y datos sobre cómo blanqueaba la plata. Reveló que entregaba bolsos con plata que llegaban al ex matrimonio presidencial.

Bolsos con dinero que iban al sur, financieras, pesos convertidos en dólares a través de varias maniobras, la relación de Néstor Kirchner con Lázaro Báez, las coimas que pagaban empresas nucleadas en la Cámara de la Construcción, son sólo algunos segmentos de las más de cuarenta páginas que constituyen la confesión de Ernesto Clarens, el financista K que logró convertirse en imputado colaborador en la causa de los cuadernos de la corrupción.

Fueron tres las oportunidades en las que el financista vinculado a Néstor Kirchner y a Lázaro Báez tuvo que presentarse ante el fiscal Carlos Stornelli para declarar y mejorar su confesión. Sólo así, con mayores precisiones sobre el complejo entramado financiero que permitió la exteriorización de millones de dólares que se recaudaban de los cobros realizados a empresas contratistas del Estado, iba a poder acceder al status de imputado colaborador.

La confesión de Clarens ahora dejó mucho más. Admitió ante la Justicia que él cobraba coimas de los empresarios de la construcción, que hacía esas labores de financista con ese dinero, y que era el secretario privado de los Kirchner, Daniel Muñoz, ya fallecido, el que pasaba a buscar por su oficina a retirar bolsos para dárselos a los ex Presidentes.

Además de recaudar los fondos ilegales, Clarens contó que armó la estructura financiera para convertir “a dólares con sus propias financieras, el dinero recaudado”, se sospecha que el fin último era “exteriorizarlos y parte pasaba por Uruguay.
La indagatoria supera las cuarenta páginas y cuenta con listado de empresas contratistas y obras asignadas a las mismas, se dividió en dos tramos. En primer lugar hizo referencia a lo que sucedió en Santa Cruz, allí su rol estuvo más vinculado a las tareas financieras: estructuró las operaciones necesarias para dar curso a Gotti SA, la principal constructora que tuvo Santa Cruz hasta 2003.