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El presidente de Venezuela , Nicolás Maduro , se encamina a su reelección pese a la profunda crisis del país, tras unos comicios con baja afluencia, boicoteados por la oposición y desconocidos por gran parte de la comunidad internacional.

Sin los principales candidatos de la oposición y con un tribunal electoral percibido como adicto al gobierno, el heredero del líder Hugo Chávez se enfrentó a tres rivales minoritarios que fracturaron el voto opositor.

La votación, para la que fueron llamados 20,5 millones de electores, terminaba a las 18 (locales), pero los centros electorales donde había votantes permanecieron abiertos por varias horas más. Muchos colegios, sin embargo, estuvieron semivacíos.

La jornada transcurrió en tranquilidad y con una moderada afluencia de votantes, mayor en los barrios populares donde el chavismo ejerce fuerte influencia. Analistas estiman que una alta abstención favorecerá a Maduro por el voto duro chavista del 25%. El Grupo de Lima, que nuclea a países de la región críticos con Maduro (entre ellos la Argentina) citó reportes que decían que la abstención superó el 80%.

Informadores neutrales internacionales señalan que la abstención en las elecciones llega al 82,96% del padrón electoral venezolano. Reiteramos que el resultado de estas elecciones no será reconocido por el Grupo de Lima ni sus países miembro.

Apoyada por varios gobiernos, la opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) promovió la abstención al negarse a participar en un proceso que considera una «farsa» para perpetuar a Maduro en el poder. Pero el exchavista Henri Falcón se separó de sus filas, con la esperanza de capitalizar la impopularidad del mandatario, que ronda el 75% ante la debacle económica y social.

Apagones, falta de comida, medicinas, transporte y agua; precios por las nubes con un ingreso mínimo que da para un kilo de leche en polvo, abruman al venezolano y cientos de miles emigraron en los últimos cuatro años. No obstante, con una oposición dividida y sus principales líderes inhabilitados o presos, y con un vasto poder institucional con los militares al frente, Maduro tenía según expertos casi seguro su segundo mandato de seis años, que comenzará en enero de 2019 pues los comicios fueron adelantados.

Maduro culpa de la situación a una «guerra económica» de la oposición con apoyo de Washington para desbancarlo, pero sus críticos dicen que el mal manejo económico y los controles sobre la economía sumado a la caída del precio internacional del crudo que Venezuela exporta han desencadenado la situación actual.

Falcón y el pastor evangélico Javier Bertucci, otro adversario de Maduro, denunciaron «chantajes» del oficialismo con los llamados «puntos rojos», donde el gobernante partido socialista registra a los votantes a través de un carné necesario para recibir ayuda social.

En varios países, migrantes venezolanos realizaron pequeñas protestas contra los comicios. En el Vaticano, el papa Francisco oró para que Venezuela encuentre «el camino de la paz y la unidad».

Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea (UE) y una docena de países latinoamericanos sostienen que la elección no es justa ni transparente y acusan a Maduro de socavar la democracia. El presidente reiteró hoy que le «resbala» que le digan «dictador».

Casi todo el círculo del gobernante está sancionado por la UE y Washington, que recién sumó al número dos del chavismo, Diosdado Cabello, a su lista de 70 autoridades venezolanas sancionadas.

En la jornada, altos funcionarios estadounidenses como el secretario y subsecretario de Estado, Mike Pompeo y John Sullivan, respectivamente, ratificaron que desconocerán el resultado de las elecciones y anunciaron que Washington considera activamente aplicar sanciones petroleras.

 

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