Puigdemont admitió que el separatismo está agotado

Puigdemont  admitió que el separatismo está agotado

"Nos derrotaron y la Moncloa triunfa", expresó Puigdemont en un largo y revelador mensaje que envió a su colaborador y amigo Antoni Comín, un exconsejero.

El mensaje, en el que da por "acabado todo", fue un auténtico bombazo informativo en España. Un dato rupturista que marcó una línea divisoria entre los hechos y el relato que el propio independentismo hace de su incierto proceso.

Aunque, para sumar confusión, fue luego el propio Puigdemont quien, primero, admitió la autenticidad del diagnóstico y, luego, intentó relativizarlo, pero no negarlo -porque estaba escrito-.

Lo atribuyó a un "momento de debilidad", propio de "un humano, que a veces duda", pero cuyo alcance intentó mitigar con una expresión diametralmente opuesta. "No me acobardaré ni daré marcha atrás", prometió.

¿A cuál Puigdemont creer? ¿Al que se sincera en un largo mensaje en el que evalúa no solo que todo acabó, sino también sus razones? ¿O al que, con un par de frases, niega lo anterior?

El reconocimiento de la derrota fue celebrado por muchos. El gobierno del presidente Mariano Rajoy vivió poco menos que un momento de euforia.

"Es hora de que estos señores admitan de una vez en público lo que dicen en privado", sostuvo la vicepresidenta española, Soraya Sáenz de Santamaría.

Desde el socialismo se habló de que, por fin, había llegado el "realismo" a Cataluña. "Si la única salida que propone el independentismo de Puigdemont es que no quieren salida", dijo Pedro Sánchez, secretario general del PSOE.

"No importa si los mensajes son reales o no. Lo que es verdad es que el proceso independentista es una gran farsa. Una gran mentira y que está terminada", dijo Inés Arrimadas, de Ciudadanos, el partido más votado en Cataluña. "Ya sabemos que estos señores dicen una cosa en público y otra en privado. Son unos cobardes que siguen estafando a la gente", añadió.

Lo que tampoco faltaron fueron las teorías conspirativas dignas de la mejor novela. ¿Fue el mensaje una verdadera filtración o se quiso hacer creer que fue una filtración cuando, en realidad, fue deliberado? A ese grado de paranoia llega el análisis en Cataluña.

Puigdemont lo envió a través de Signal, una aplicación supuestamente más segura. Comín lo abrió en un recinto atestado de periodistas. No hizo siquiera el gesto de ocultar la pantalla. Algo al menos ingenuo, cuando hasta los futbolistas se tapan la boca cuando hablan entre ellos en la cancha.

El mensaje es un reconocimiento de derrota. Largos párrafos en los que el destituido expresidente sostiene, entre otras cosas: "Esto se terminó. Los nuestros nos sacrificaron. Al menos, a mí".

"Volvemos a ver los últimos días de la Cataluña republicana. El plan de la Moncloa triunfa. Solo espero que sea verdad que gracias a esto puedan salir todos de la cárcel, porque, si no, el ridículo histórico. es histórico", sostuvo Puigdemont en la serie de mensajes.

"Supongo que tienes claro que esto se acabó. Ustedes serán consejeros (espero y deseo), pero yo ya estoy sacrificado".

Después de la frustrada sesión parlamentaria del martes pasado, en que se decidió no investir a Puigdemont mientras eso implique una violación del marco legal, el proceso independentista entró en una impasse incierta.

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Modificado por última vez en Jueves, 01/02/2018

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