Roberto Azevedo, director general de la Organización Mundial del Comercio, habló de la situación tensa que atraviesa Estados Unidos con China y con la Unión Europea.

El director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), Roberto Azevedo, advirtió hoy en Berlín sobre los riesgos económicos que llevan aparejados los conflictos comerciales.

“En el comercio se trata también de confianza”, declaró Azevedoen relación a la tensa situación que actualmente vive Estados Unidos, tanto con China como con la Unión Europea.

Azevedo, que participó en Berlín del “Día de la Industria Alemana”, alertó también sobre los efectos dominó que se pueden producir cuando un país inicia un conflicto comercial y recalcó que en este tipo de enfrentamientos económicos no hay ganadores, informó la agencia DPA.

Durante su intervención ante un plenario en el que también se encontraba la canciller alemana, Angela Merkel, el alto directivo criticó que, sobre todo por parte del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se pusieran en cuestión las reglas básicas de la OMC.

“Hemos necesitado décadas para poner en marcha el sistema comercial de la OMC”, recordó.

China y Estados Unidos se impusieron este lunes mutuamente nuevos aranceles a sus importaciones en una escalada de la guerra comercial que los enfrenta.

El lunes entraron en vigor las nuevas tarifas de un 10 por ciento impuestas por Estados Unidos sobre importaciones de bienes chinos por valor de 200.000 millones de dólares, que se suman a los ya aplicados a otras mercancías valoradas en 50.000 millones. Con ello se ven afectadas en torno a la mitad de las exportaciones de China a Estados Unidos.

A principios de 2019 está previsto que ese 10 por ciento aumente a un 25 por ciento.

Telam

El Gobierno de China acusó este lunes al de Estados Unidos de “matonismo comercial”, en el día en el que entraron en vigor aranceles a las exportaciones chinas al mercado estadounidense por valor de 200.000 millones de dólares y tarifas similares de embarques de EE.UU. al país asiático por 60.000 millones.

Son la respuesta a tarifas a exportaciones chinas al mercado estadounidense por valor de 200.000 millones de dólares que se aplicarán a más de 5.500 productos chinos, entre ellos bolsos, textiles o arroz.

Las tarifas que comenzó a aplicar China, más moderadas de lo esperado, se aplicarán a 4.000 items de exportaciones estadounidenses, desde el gas natural licuado hasta productos agrícolas y químicos o componentes de automóviles, entre otros, a los que se impondrá un arancel de entre el 5 y el 10 por ciento.

Hoy, día festivo en China por las celebraciones del Medio Otoño, las autoridades declinaron reaccionar oficialmente al nuevo paquete de aranceles impulsada por el Gobierno de Donald Trump, aunque el Ejecutivo publicó un informe sobre las tensiones comerciales con Estados Unidos en el que declaró que hay un creciente “matonismo comercial” de Washington hacia Pekín.

El documento subraya que la política de “América primero” impulsada por Trump desde su llegada al poder en 2017, “ha abandonado las normas fundamentales del respeto mutuo y las consultas igualitarias que guían las relaciones internacionales”, informó la agencia EFE.

“En lugar de eso, EEUU ha defendido sin pudor el unilateralismo, el proteccionismo y la hegemonía económica, arrojando falsas acusaciones contra muchos países, particularmente China”, subrayó el informe.

Las tarifas son una “presión extrema” a la que China ha intentado responder con “el mayor nivel de paciencia y buena fe”, mientras Washington “se contradice a sí mismo y reta constantemente” a la economía china, agregó el documento del gobierno chino.

Las bolsas chinas de Shanghái y Shenzhen, cerradas por festivo, no reaccionaron por tanto al recrudecimiento de la guerra comercial, pero sí lo hizo la de Hong Kong, con una pronunciada caída del 1,62 por ciento y marcados descensos en prácticamente todos los valores estrella del Hang Seng.

El pesimismo de los mercados se ve exacerbado por los rumores de que China ha decidido cancelar una nueva ronda de negociaciones para intentar poner fin al conflicto arancelario, según aseguraba este fin de semana la prensa estadounidense.

El 13 de septiembre, Pekín confirmó que había recibido una invitación de Washington para conducir esta nueva ronda de negociaciones, que sería la quinta, pero había establecido como condición previa que Estados Unidos mostrara buena voluntad.

No obstante, el informe gubernamental publicado hoy insistía en la necesidad de reiniciar las negociaciones comerciales con Estados Unidos, siempre que éstas se basen en “respeto mutuo e igualdad”.

Las tarifas impuestas hoy se unen a las que ambos países se habían aplicado mutuamente a embarques por valor de 50.000 millones de dólares cada uno.

La guerra comercial se inició en julio, cuando Trump acusó a China de mantener un excesivo superávit comercial con Estados Unidos y la presionara para reducirlo de forma acelerada, bajo la amenaza de penalizar todas las exportaciones si no tomaba medidas (algo que podría ocurrir a principios de 2019, con una elevación de los porcentajes de los aranceles actuales).

Los expertos temen que la guerra comercial afecte a todos los mercados globales, dada la gran magnitud de las dos economías involucradas y sus lazos con otros importantes socios, como la Unión Europea o Japón, completó EFE.

El presidente de EEUU anunció nuevos gravámenes a las importaciones provenientes del gigante asiático, en busca de proteger la industria local. Pekín promete represalias.

El presidente estadounidense desafió todas las advertencias y escaló un peldaño en la confrontación comercial con Pekín, al anunciar nuevos aranceles a las importaciones desde China por 200.000 millones de dólares, por los que Pekín anunció “represalias”.

Los nuevos aranceles entrarán en vigor el 24 de septiembre, dijo Trump en un comunicado.
China anunció el martes “represalias” tras el anuncio de Trump, según un comunicado del ministerio de Comercio.

“Para proteger sus derechos e intereses legítimos, así como el orden mundial del libre comercio, China se verá obligada a tomar medidas de represalia de manera recíproca”, indicó. Pekín ya había indicado que planeaba aranceles por 60.000 millones de dólares de productos estadounidenses.

Trump había intimado a los dirigentes chinos a no reaccionar. “Si China toma medidas de represalia contra nuestros agricultores o contra otras industrias, vamos a seguir inmediatamente con la fase tres, con aranceles en aproximadamente 267.000 millones de dólares de importaciones adicionales”, advirtió.

Si se llega a esta fase serán todas las importaciones desde China que estarán sujetas a medidas proteccionistas de Estados Unidos.

La administración Trump, que cerró a principios de septiembre las consultas públicas, decidió excluir algunos productos de consumo masivo del arancel de 10%, como los relojes conectados, productos textiles y agrícolas o las sillas de autos para niños así como los cascos de protección para los ciclistas, explicaron responsables estadounidenses en conferencia telefónica.

Trump dijo que China se ha negado a cambiar prácticas comerciales injustas que perjudican a las empresas estadounidenses y a sus trabajadores.

“Durante meses hemos urgido a que China cambie estas prácticas injustas y que dé un trato justo y recíproco a las empresas estadounidenses”, dijo Trump en un comunicado.

Según Trump, los nuevos aranceles harán que “ingrese mucho dinero en las cajas de Estados Unidos”.

Trump estima que los aranceles -no sólo a productos chinos- colocan a “Estados Unidos en una posición de negociación muy fuerte, con miles de millones de dólares y trabajo fluyendo a nuestro país. Y aún así, el aumento de costos ha sido casi imperceptible”.

Su asesor económico Larry Kudlow aseguró no obstante que Estados Unidos está abierto al diálogo “en todo momento”.

Los responsables estadounidenses subrayaron además que el objetivo no era limitar el crecimiento económico chino.

Donald Trump exige de Pekín que reduzca de 200.000 millones el déficit comercial con Estados Unidos abriendo aún más su mercado a los productos estadounidenses.

Imponer aranceles de 10% en un primer momento -en vez del 25% que Donald Trump había pedido a su administración que estudiara- podría percibirse como un gesto de apertura relativo luego de que el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, contactara a sus homólogos chinos para reanudar las negociaciones.

Los mercados no reaccionaron y la bolsa de Shanghái, que perdió mucho terreno los últimos meses, ganó 1,82% al cierre del martes.

Además de los aranceles al acero y el aluminio, de respectivamente 25% y 10% impuestos en nombre de la protección de la seguridad nacional, Washington impuso durante el verana aranceles de 25% a 50.000 millones de dólares de productos chinos para compensar un “robo” de propiedad intelectual.

La administración Trump lamenta que a cambio de un acceso al mercado chino, las empresas estadounidenses se vean obligadas a compartir con sus socios locales una parte de sus conocimientos tecnológicos.

Para cambiar esta práctica, Donald Trump ya había amenazado con imponer aranceles a la totalidad de los más de 505.000 millones de dólares de importaciones chinas.

“Esperemos que esta situación comercial se resuelva, en última instancia por mí mismo y por el presidente Xi (Jinping) hacia quien tengo un profundo respeto y afección”, declaró Trump.

Este conflicto parece de momento tener poco efecto en la primera economía mundial aunque las medidas de represalia se sienten en algunas regiones y sectores de actividad.

El Tesoro estadounidense advirtió en varias ocasiones que la mayor amenaza para el crecimiento económico estadounidense era una guerra comercial.

Estados Unidos impuso este martes una nueva ronda de sanciones a Irán para castigar su economía, meses después de retirarse unilateralmente del acuerdo histórico sobre el programa nuclear iraní firmado en 2015.

“Las sanciones iraníes fueron lanzadas oficialmente. Estas son las sanciones más fuertes jamás impuestas y en noviembre aumentarán todavía. Todo aquel que haga negocios con Irán NO hará negocios con Estados Unidos”, tuiteó el presidente estadounidense, Donald Trump.

Rusia se declaró “profundamente decepcionada” por el restablecimiento de las sanciones y aseguró que hará “todo lo necesario” para salvar el acuerdo sobre el programa nuclear iraní cuya aplicación Washington quiere “socavar”.

“Estamos profundamente decepcionados por la decisión de Estados Unidos de restablecer sus sanciones contra Irán”, declaró en un comunicado el ministerio de Relaciones Exteriores ruso, afirmando que Moscú “hará todo lo necesario” para proteger el acuerdo y sus lazos económicos con Irán.

Por su parte, Gran Bretaña se distanció de Estados Unidos y reiteró su fidelidad al acuerdo con Irán sobre la cuestión nuclear.

“No seguiremos a Estados Unidos en materia de sanciones”, dijo tajantemente Alistar Burt, viceministro de Exteriores de Londres a cargo de Medio Oriente.

En su opinión las nuevas sanciones no tienen fundamento porque “Irán está respetando este acuerdo”.

“Hay otras cuestiones que involucran a Irán y que preocupan en la región”, puntualizó, pero esto no significa poner en discusión “un acuerdo realizado con un grupo de otros socios internacionales”, que el Reino Unido sigue “considerando muy importante”.

Horas antes de la aplicación de esas medidas, el presidente iraní, Hasan Rohani, acusó a Washington de “querer lanzar una guerra psicológica contra la nación iraní y provocar disensiones” entre los ciudadanos del país.

La primera ronda de sanciones incluirá bloqueos a las transacciones financieras y a las importaciones de materias primas, así como medidas para impedir las compras en el sector automotor y en la aviación comercial.

En noviembre se aplicarán otras medidas que afectarán al sector petrolero y gasístico y al Banco Central.

Esas sanciones tendrán probablemente graves consecuencias para la maltrecha economía iraní, que sufre de una alta tasa de desempleo y una importante inflación. La moneda iraní, el rial, ya perdió cerca de la mitad de su valor desde que Trump anunció su decisión de volver a castigar a la República Islámica.

El presidente estadounidense, Donald Trump, se mostró dispuesto a aplicar nuevos aranceles a todas las importaciones procedentes de China.

“Estoy listo para ir por los 500”, dijo Trump en una entrevista con la cadena CNBC. La cifra se refiere al valor de u$s 505.500 millones de las importaciones chinas en Estados Unidos en 2017. Según Washington, ese año Estados Unidos sólo exportó u$s 129.900 millones a China.

“Hemos sido estafados por China durante mucho tiempo”, dijo Trump, que justifica sus aranceles adicionales por el déficit comercial que su país mantiene con el gigante asiático.

“No quiero que se asusten, quiero que les vaya bien”, dijo sobre los chinos. “Me gusta el presidente Xi (Jinping) pero fue muy injusto”, añadió.

Trump ya implementó nuevos aranceles del 25% a productos chinos por un valor de u$s 34.000 millones y este mes entrarán en vigor impuestos a importaciones por otros u$s 16.000 millones.

Además, el presidente estadounidense amenazó con introducir antes de finales de agosto nuevos aranceles del 10 por ciento a productos chinos por u$s 200.000 millones.

Tras la emisión de la entrevista, la mañana del viernes, los futuros de la Bolsa estadounidense cayeron a niveles mínimos.