LV7 RADIO TUCUMAN

Frente al local bailable Le Brique y en torno a la escena del crimen, ahora convertido en un literal santuario lleno de imágenes de Fernando Báez Sosa, geselinos y turistas cubrieron ese tramo de la Avenida 3 entre oraciones, lágrimas, recuerdos de otros homicidios impunes y también severos cuestionamientos a las autoridades locales y provinciales.

Solo la misa que celebró el obispo de la Diócesis de Mar del Plata, monseñor Gabriel Mestre, aplacó un momento de tensión entre más de 1500 manifestantes. En medio del recuerdo del primer mes de este asesinato que conmovió a esta ciudad y el país cruzaban acusaciones y mezclaban responsables.

«Dónde estaba la policía», se escuchaba desde la vereda del local bailable, con escalinatas copadas por los participantes del acto. «Basta de boliches en Villa Gesell», exigió otro, también a puro grito, desde un costado del palco donde se celebraría el oficio religioso.

«Que den la cara los funcionarios», se escucha fuerte y lo escucha el intendente local, Gustavo Barrera, escondido detrás de una doble línea de miembros de su gabinete y concejales afines, desapercibido para quienes reclamaban su presencia y respuestas por lo acontecido. El temor desbordaba le desbordaba el rostro. Le temblaba el mentón y los ojos, rojos y en mirada perdida, se le cargaban de lágrimas que nunca rebalsaron hacia las mejillas. Se fue en silencio, siempre bien flanqueado por sus cercanos, cuando Mestre cerraba la misa con un único pedido: «Verdad y justicia por Fernando».