El 19 de marzo de 2020, el entonces presidente Alberto Fernández anunció el inicio del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio debido a la pandemia de Covid-19. La medida, que comenzó a regir desde el 20 de marzo, se extendió por más de ocho meses, convirtiéndose en una de las cuarentenas más prolongadas del mundo. Hoy, cinco años después, el impacto de esa decisión sigue generando debates en Tucumán, donde la pandemia dejó huellas profundas en la economía, la salud y la vida cotidiana de sus habitantes.
El anuncio presidencial estableció restricciones estrictas: los todos debían permanecer en sus hogares y solo se permitía la circulación para actividades esenciales. Las calles de San Miguel de Tucumán y de las principales localidades de la provincia quedaron vacías, marcando el inicio de una nueva normalidad.
«Sabíamos que enfrentábamos un desafío inédito, pero era necesario tomar medidas rápidas para proteger la salud pública», explicó Rossana Chahla, entonces ministra de Salud de la provincia. Sin embargo, la extensión del confinamiento generó tensiones políticas y económicas que persisten hasta hoy.
Consecuencias económicas y sociales
La cuarentena tuvo un fuerte impacto en la economía tucumana. Comercios, restaurantes y actividades no esenciales se vieron obligados a cerrar, generando pérdidas económicas y un aumento en los niveles de desempleo. Muchas empresas debieron adaptarse al teletrabajo y miles de estudiantes pasaron a una modalidad de educación virtual, acentuando desigualdades en el acceso a la tecnología.
El Gobierno provincial implementó medidas de ayuda, como programas de asistencia para pymes y la entrega de bolsones alimentarios a familias en situación de vulnerabilidad. «Perdimos el negocio familiar que mantenía a tres generaciones», relata Carlos Benítez, exdueño de un comercio en el microcentro tucumano.
Desde el primer día, las fuerzas de seguridad de Tucumán desplegaron controles para garantizar el cumplimiento de la cuarentena. Hubo detenciones por violaciones a las restricciones, como el caso de un joven en Yerba Buena que desafío a las autoridades al ser interrogado. Además, episodios como la detención de un grupo de personas en una reunión clandestina generaron repercusión mediática y evidenciaron las tensiones en la sociedad.
Rossana Chahla, actual intendenta de San Miguel de Tucumán y exministra de Salud de la provincia durante la pandemia, compartió su experiencia en primera persona: «Nunca nos faltó compromiso ni recursos para atender a la población. Construimos hospitales de campaña, capacitamos equipos y logramos dar asistencia a todos los tucumanos».
La vacunación masiva que comenzó en 2021 permitió avanzar hacia la normalización de actividades, aunque la pandemia dejó secuelas en la salud mental y en la estructura sanitaria de la provincia.
Cinco años después, la pandemia sigue marcando a la sociedad tucumana. Las huellas económicas, sociales y emocionales persisten, y el debate sobre la gestión de la crisis sanitaria continúa abierto. Para muchos, la cuarentena salvó vidas; para otros, profundizó desigualdades preexistentes. Lo cierto es que el Covid-19 cambió para siempre la forma en que los tucumanos viven y perciben la salud pública, el trabajo y la organización social.



