Tras el doble escape de amoníaco ocurrido el domingo en Lules, la comunidad lucha por recobrar la serenidad ante las secuelas en la salud de decenas de personas y la inquietud por las posibles consecuencias ambientales.
El toxicólogo Dr. Alfredo Córdoba esclareció que dos emanaciones sucesivas del gas fueron las causantes de que 84 individuos requirieran asistencia médica por irritación.“Fue un momento de gran riesgo, pero afortunadamente se intervino con rapidez”, expresó Córdoba desde el hospital local, centro de evaluación de los afectados.
La primera fuga dominical afectó a 29 personas, y horas después, un segundo escape expuso a otras 35. Posteriormente, 20 individuos más presentaron síntomas similares.
El especialista detalló: “El amoníaco es un agente irritante persistente que ataca principalmente el sistema respiratorio superior, los ojos y la piel. Los síntomas predominantes fueron ardor ocular, nasal y faríngeo, tos, náuseas y sensación de asfixia”.El tratamiento aplicado, según Córdoba, consistió en irrigación abundante con agua, nebulizaciones con solución salina y medidas para prevenir complicaciones respiratorias. Subrayó que la ausencia de fatalidades se debió a que la fuga se produjo en un área abierta, facilitando la rápida dispersión del gas y la disminución de su concentración atmosférica.No obstante, el impacto trascendió a las personas. “El amoníaco, al ser un cáustico alcalino, puede dañar árboles, animales y otras formas de vida. Los residentes han notado efectos en la vegetación y la fauna del lugar”, señaló Córdoba.El amoníaco, comúnmente empleado en la industria como refrigerante y presente en artículos domésticos y cosméticos, posee una toxicidad que varía según su concentración y el entorno de liberación, recordó Córdoba. “En ambientes confinados, puede resultar letal si excede los límites tolerables”.

