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Atlético tuvo sangre fría en el final y logró tres puntos de carácter que le dan impulso en el arranque del Clausura

El “Decano” venció 2-1 a San Martín de San Juan con un gol agónico de Nicolás Laméndola. Mostró decisión, verticalidad y temple en el momento más difícil. El objetivo de clasificar a las copas empezó a tomar forma desde la primera fecha.

Como en aquellas historias en las que el héroe pese a los tropiezos no se aparta de su destino, Atlético empezó el Clausura con la decisión de quien sabe que no puede titubear. Fue como un capítulo de Peaky Blinders, en los que la tensión sube en cada escena y la victoria nunca llega por casualidad, sino producto del carácter, de la estrategia y de la convicción, claro. Así jugó el “Decano” su primer partido del torneo; con los dientes apretados, el puñal entre los labios y la mirada fija en el objetivo.

El equipo dirigido por Lucas Pusineri sabía que no había margen para las dudas ni lugar para los débiles. San Martín de San Juan llegaba siendo último en la tabla general, pero eso no lo hacía menos peligroso. Por eso, Atlético eligió tomar la iniciativa desde el inicio. Con un 4-4-2 bien definido, sin rodeos y con un juego directo que buscó lastimar desde los primeros minutos apostó a marcar la cancha de movida. Y la recompensa no tardó en llegar. Franco Nicola apareció como centrodelantero y reavivó un viejo axioma futbolero: volante que pisa el área es volante que tiene gol.

Ese tanto tempranero fue el reflejo de un equipo decidido, que entendió la importancia de empezar ganando para tomar impulso. Porque el Clausura no será un torneo más para: la clasificación a las copas es el gran objetivo del semestre y el margen de error es escaso. Cada partido es una pequeña final y cada punto, un paso hacia el verdadero premio.

San Martín de San Juan, con su 4-2-3-1, intentó emparejar el juego desde el orden y el manejo de pelota, pero Atlético supo cómo neutralizarlo. La línea de cuatro volantes funcionó como una muralla que interrumpía la circulación rival y, cuando recuperaba, salía disparada como una jauría en busca del hueso.

Sin embargo, esa intensidad inicial fue menguando. Y en el segundo tiempo, el equipo retrocedió más de lo aconsejable. Por momentos, defendió muy cerca de su arquero Juan González, cediendo metros y posesión, como si el gol de ventaja fuese una carga en vez de un respaldo.

Y cuando parecía que el castigo llegaría, lo inesperado se volvió real: en tiempo cumplido un gol en contra de Clever Ferreira dejó todo igualado. El silencio en el estadio fue de esos que se sienten en el pecho. Pero Atlético no se resignó; no se conformó. Porque, como en las buenas novelas, el protagonista no se arrodilla cuando se avecina el final. El “Decano” volvió a empujar y encontró en Nicolás Laméndola a su héroe inesperado. El volante hizo todo bien: tocó, fue a recibir la devolución y definió con frialdad para el 2-1.

La victoria, más allá del sufrimiento, fue justa. Porque Atlético siempre quiso ganar, y ese deseo genuino, ejecutado con estructura, valentía y un juego directo que incomodó a su rival, fue lo que lo puso de pie en el arranque del Clausura. El primer paso está dado. Ahora tiene que sostener el pulso.

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