Mientras en el mundo avanza el desarrollo de la carne cultivada, con países como Singapur, Israel y Estados Unidos aprobando su comercialización, en Argentina el panorama es incierto. A pesar de ser una de las mayores productoras y consumidoras de carne del planeta, la innovación tecnológica en este sector enfrenta desafíos económicos, regulatorios y culturales que ponen en duda su viabilidad a nivel local.
El boom de la carne de laboratorio
La carne cultivada, también conocida como carne de laboratorio, promete revolucionar la industria alimentaria. Su producción se basa en la extracción de células musculares de un animal vivo para luego cultivarlas en un medio rico en nutrientes. Con el tiempo, estas células se multiplican y generan tejido similar a la carne convencional.
El proceso busca reducir la necesidad de cría y sacrificio de animales, disminuir el impacto ambiental de la ganadería y ofrecer una alternativa más ética y sostenible. Sin embargo, los costos de producción siguen siendo elevados, lo que impide su masificación.
En los últimos años, más de 150 startups en el mundo han apostado por esta tecnología. Empresas como UPSIDE Foods y Eat Just ya comercializan carne cultivada en algunos mercados, mientras que China incluyó su desarrollo en su plan agrícola nacional.
Argentina: entre la tradición y la innovación
En un país donde el asado es una identidad cultural y el consumo de carne es parte del ADN nacional, la aceptación de la carne cultivada parece un desafío aún mayor que su producción. Mientras Brasil se posiciona como líder en la región con apoyo estatal y privado, Argentina ha quedado rezagada, con apenas un proyecto en pie: B.I.F.E.
B.I.F.E. –Bioingeniería en la Fabricación de Elaborados– es la única startup argentina que continúa trabajando en carne cultivada. Derivada del Laboratorio Craveri, en 2021 realizó la primera degustación de carne cultivada en el país, marcando un hito en la biotecnología alimentaria local.
“Logramos obtener un producto a base de células musculares cultivadas in vitro sobre un biomaterial comestible”, explicó Josefina Craveri, responsable de Desarrollo de Negocio en la empresa. No obstante, el gran desafío sigue siendo la escalabilidad: “Necesitamos biorreactores diseñados específicamente para producción a gran escala, algo que hoy no existe en Argentina”.

¿El país está preparado para la carne cultivada?
El debate sobre la carne de laboratorio en Argentina está marcado por posturas enfrentadas. Algunos científicos y especialistas ven en ella una alternativa sostenible para enfrentar la creciente demanda mundial de proteínas. Otros, en cambio, cuestionan su viabilidad económica y su capacidad de reemplazar a la carne tradicional.
Para Marcelo Rubinstein, investigador del Conicet, la carne cultivada “no es carne”. Desde su punto de vista, “es un conjunto de células crecidas en condiciones artificiales que no replican los mecanismos naturales del desarrollo animal”.
Por otro lado, Carolina Bluguermann, del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la UNSAM, considera que la carne cultivada es una innovación con potencial. “La posibilidad de desarrollar proteína animal sin depender exclusivamente de la ganadería es algo que debemos explorar”, sostiene.
Más allá del debate técnico, la principal barrera es el costo de producción. Actualmente, criar y engordar un animal sigue siendo más barato que cultivar carne en un laboratorio. Además, la falta de regulaciones específicas en Argentina genera incertidumbre para posibles inversores.
El futuro de la carne en Argentina
A nivel global, la carne cultivada avanza y podría convertirse en una opción viable en los próximos años. Sin embargo, en Argentina, el camino es más complejo. La combinación de factores económicos, regulatorios y culturales plantea un escenario desafiante para su adopción masiva.
Desde B.I.F.E. aseguran que no buscan competir con la carne tradicional, sino complementarla. “El consumo de carne va a aumentar un 50% para 2040 y la producción convencional no dará abasto”, argumenta Craveri.
El tiempo dirá si la carne cultivada logra abrirse paso en el país del asado. Por ahora, sigue siendo una promesa tecnológica que despierta tanto expectativas como resistencia en el corazón de la cultura cárnica argentina.

