Cada 12 de marzo, Argentina conmemora el Día del Escudo Nacional, una efeméride que rinde tributo a uno de los principales símbolos patrios, concebido en el contexto de la independencia y la constitución de la identidad nacional. El Escudo Nacional, adoptado oficialmente en 1813 durante la Asamblea General Constituyente, representa la unión, la soberanía y la libertad del país, conceptos que continúan definiendo el ideario argentino.
El 12 de marzo de 1813, la Asamblea del Año XIII, mediante la firma del presidente del cuerpo Tomás Antonio Valle y del secretario Hipólito Vieytes, estableció el diseño del Escudo Nacional como símbolo oficial de la nueva nación. Este emblema, utilizado ya desde febrero de ese año en documentos oficiales, reemplazó las armas reales de España empleadas durante el Virreinato.
Así, señaló un quiebre con el pasado colonial y consolidó la voluntad de independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata. De acuerdo con la Secretaría de Cultura de la Nación, organismo oficial, y la Academia Nacional de la Historia, institución de referencia en estudios históricos, el escudo se convirtió en un elemento central de la iconografía institucional argentina.

El diseño del Escudo Nacional fue encargado al diputado Agustín José Donado, quien confió la confección al orfebre peruano Juan de Dios Rivera Túpac Amaru, de ascendencia incaica. El resultado fue un escudo que integró elementos reconocidos de libertad y unión junto con referencias a la historia y cultura sudamericanas.
El Escudo Nacional argentino, uno de los más complejos en simbología de América Latina, está compuesto por múltiples elementos seleccionados con significado político y cultural, conforme a los estudios de la Academia Nacional de la Historia y organismos oficiales.
La adopción formal del escudo como símbolo patrio quedó consolidada en 1944, cuando el Poder Ejecutivo Nacional, a través del Decreto 10.302, determinó que el sello de la Asamblea de 1813 sería la representación oficial de la República Argentina. Este decreto, sustentado en investigaciones de la Academia Nacional de la Historia y en documentos como El Redactor de la Asamblea (1813-1815), fuente documental, resolvió debates sobre la iconografía y proporciones a emplear en documentos y edificios públicos.

