InicioTucumánEn Tucumán, una vigilia silenciosa despidió a Francisco con emoción y gratitud

En Tucumán, una vigilia silenciosa despidió a Francisco con emoción y gratitud

La madrugada del sábado, en la parroquia San Pedro Nolasco, fue organizada una vigilia para despedir al papa Francisco. A más de 11.000 kilómetros del Vaticano, vecinos de Villa Alem y El Colmenar se congregaron para acompañar su último adiós, en una ceremonia cargada de recogimiento y memoria.

Siguiendo la propuesta del Arzobispado, cada comunidad fue autorizada a realizar su homenaje. En Villa Alem, la misa de despedida fue proyectada en pantalla grande mientras, dentro del templo, mates y café caliente circulaban entre los presentes. Poco más de 20 personas se mantuvieron despiertas durante toda la noche, unidas por la fe y la gratitud.

En el centro del templo, bajo una luz tenue, reliquias donadas por Francisco al párroco Pablo Ordoñe fueron colocadas para ser veneradas. «La vigilia fue preparada por un equipo interministerial que planificó momentos de reflexión sobre su vida, su Magisterio y su fe», explicó el sacerdote a LA GACETA.

A lo largo de la noche, el incienso fue elevado en oración silenciosa, acompañando los momentos más emotivos transmitidos desde Roma. Cuando el papa fue despedido en la Plaza San Pedro, las campanas sonaron en Tucumán y, entre lágrimas, aplausos espontáneos fueron provocados por el sentimiento de comunión.

Durante la Eucaristía, la comunión fue ofrecida por el párroco, vestido especialmente para la ocasión. A medida que avanzaba la madrugada, el cansancio no se hizo notar: jóvenes y adultos permanecieron firmes, en un gesto que reflejó la huella profunda dejada por Francisco en sus vidas.

Entre los testimonios, Ignacio Benjamín Raffo, de 17 años, afirmó: «Esta vigilia fue vivida como una manera de agradecerle lo que nos enseñó». Lucía, de 20 años, recordó: «Nos impulsó a salir al encuentro del más necesitado». Y Flor Banegas, de 32 años, destacó: «Nos llamó a cuidar la casa común y a hacer lío en el buen sentido».

Finalmente, mientras el sol despuntaba en Tucumán y Francisco era acompañado hacia Santa María la Mayor, el legado sembrado en tantos corazones fue reafirmado. En Roma, rosas blancas fueron llevadas por manos invisibles: las de los pobres, los migrantes, los presos y las minorías.

Papa Francisco

Así, como su inspirador San Francisco de Asís, Bergoglio fue recordado por su elección de la humildad y la ternura. Desde el corazón del Vaticano hasta un pequeño barrio tucumano, su mensaje fue reafirmado: los últimos serán los primeros.

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