La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, lanzó una fuerte advertencia: la escalada bélica en Medio Oriente —especialmente el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán— no solo elevará la inflación y frenará el crecimiento mundial, sino que disparará una demanda de asistencia financiera de hasta 50.000 millones de dólares por parte de países afectados.
La funcionaria búlgara hizo el anuncio en declaraciones recogidas por Reuters y otras agencias internacionales, justo antes de las Reuniones de Primavera del FMI y el Banco Mundial, que comienzan la próxima semana en Washington. “Incluso si el conflicto termina rápidamente, veremos una revisión a la baja de las proyecciones de crecimiento y un aumento en las de inflación”, afirmó Georgieva. Y agregó: “Todos los caminos conducen ahora a precios más altos y un crecimiento más lento”.
El shock energético más grave de la historia
Según la jefa del FMI, la guerra provocó la peor interrupción jamás registrada en el suministro global de energía. Irán bloqueó efectivamente el Estrecho de Ormuz —por donde pasa un quinto del petróleo y el gas mundial—, lo que redujo la oferta global de crudo en un 13 %. Miles de millones de barriles quedaron fuera de circulación y se dañaron 72 instalaciones energéticas (un tercio de ellas de forma significativa). El petróleo Brent llegó a cotizar cerca de los 110 dólares por barril, con primas récord para los barriles de origen medio-oriental.
Esta disrupción ya se traslada a cadenas de suministro de gas licuado, helio y fertilizantes, lo que agrava la presión sobre los precios de los alimentos y la energía. Georgieva subrayó que el 85 % de los países miembros del FMI son importadores netos de energía y que los más pobres y vulnerables —sin reservas ni espacio fiscal— serán los más golpeados. “Muchos no tienen recursos para amortiguar el impacto en sus poblaciones”, alertó.
Recorte en las previsiones y mayor demanda de créditos
Sin la guerra, el FMI estaba a punto de mejorar sus pronósticos de crecimiento global para 2026 (hacia el 3,3 %) y 2027. Ahora, el organismo preparará una bajada en su Panorama Económico Mundial que se publicará el 14 de abril. “Estábamos en vías de mejorar las proyecciones para 2026. Dado el impacto de la guerra, vamos a rebajarlas”, confirmó Georgieva en una entrevista con Bloomberg.
Paralelamente, el Fondo ya recibió solicitudes de ayuda financiera de varios países (no identificados públicamente). Georgieva anticipó que el FMI podría ampliar programas de préstamo existentes para cubrir estas necesidades urgentes. Fuentes del organismo indicaron que la nueva demanda podría alcanzar hasta 50.000 millones de dólares, sobre los 140.000 millones ya comprometidos en programas vigentes antes del conflicto.
¿Qué significa para América Latina y Argentina?
El impacto es asimétrico: las economías emergentes y en desarrollo sufrirán más. El alza de los combustibles y los fertilizantes encarece el costo de vida y reduce el margen de maniobra fiscal en países que ya lidian con alta inflación y deuda elevada. En América Latina, donde varios gobiernos dependen de exportaciones de commodities y de financiamiento externo, el escenario complica la estabilización macroeconómica.
Para la Argentina —que mantiene un acuerdo vigente con el FMI y negocia revisiones periódicas—, el mensaje es claro: el endurecimiento de las condiciones globales de financiamiento y el mayor costo de la energía pueden presionar aún más las cuentas públicas y el frente externo. Aunque el país es exportador neto de energía, la volatilidad de los precios internacionales y el posible encarecimiento del crédito multilateral obligan a una mayor cautela en las proyecciones fiscales.
Georgieva fue explícita: “Prepárense para lo peor”. El mundo enfrenta una nueva normalidad de shocks superpuestos —geopolíticos, climáticos y tecnológicos— y las economías deben ordenar sus casas para tener margen de respuesta.
Las Reuniones de Primavera serán el primer gran foro donde ministros de Economía y presidentes de bancos centrales del planeta analizarán el alcance real de este nuevo capítulo de la crisis en Medio Oriente. El FMI, junto al Banco Mundial y la Agencia Internacional de Energía, ya trabaja en escenarios coordinados para mitigar el daño.
Mientras tanto, el reloj corre: cada día que se prolonga el bloqueo en Ormuz, el costo económico global —y el pedido de auxilio a Washington— se vuelve más pesado.

