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El 'vacío' revoluciona el diseño de jardines: menos es más para espacios que respiran

Paisajistas contemporáneos proponen priorizar los espacios sin plantas para generar orden, destacar especies y reducir el mantenimiento en cualquier tipo de parque.

Por La Nacion · 2026-06-14T20:32:15.375Z

El 'vacío' revoluciona el diseño de jardines: menos es más para espacios que respiran

En el ámbito del paisajismo contemporáneo, una tendencia silenciosa pero transformadora está redefiniendo la concepción de los espacios verdes. Se trata de la incorporación estratégica del "vacío", un elemento que, lejos de ser una ausencia, se revela como la clave para que los jardines respiren, se ordenen y adquieran un sentido profundo. Esta filosofía, adoptada por los principales diseñadores, busca quitar en lugar de sumar, priorizando la intención sobre la abundancia.

Durante décadas, la imagen de un jardín atractivo estuvo ligada a la profusión de plantas, canteros desbordantes y una explosión de colores. Sin embargo, los proyectos actuales giran hacia una dirección opuesta: trabajar con menos especies, pero con una selección más cuidada y precisa. Al reducir la cantidad, cada planta individual gana un protagonismo inédito, revelando su forma, textura y comportamiento estacional de manera más impactante. El diseño minimalista no busca impresionar por el volumen, sino por la precisión en la elección de cada elemento.

Concebir el vacío no implica dejar áreas sin terminar, sino componer el espacio con aire, utilizándolo como una herramienta de diseño fundamental. En el paisajismo, este principio opera de manera similar al silencio en la música: organiza el ritmo visual y permite que los elementos clave se destaquen. Un sector de césped impecable, un plano de grava o incluso una superficie de suelo desnudo pueden ser tan poderosos como un macizo florido. Estos "espacios negativos" cumplen una función estructural, ordenando la lectura del jardín, creando pausas visuales y resultando esenciales en jardines urbanos pequeños para ampliar la percepción del lugar.

Cuando la cantidad de especies disminuye, el foco se traslada hacia la interacción entre ellas, destacando el juego de texturas vegetales y los contrastes de follaje y escala. Una hoja de gran tamaño junto a una trama fina o una gramínea en movimiento frente a un arbusto compacto generan un diálogo sutil que reemplaza la necesidad de acumular variedades. En estos diseños, los materiales inorgánicos como la piedra, la madera y la tierra también cobran un papel protagónico, construyendo el paisaje tanto con lo vegetal como con lo mineral. Esta aproximación también se traduce en un menor mantenimiento, ya que un jardín bien pensado con menos plantas exige menos podas, reposiciones y control, lo que resulta en mayor estabilidad y un uso más eficiente del agua y el tiempo.

El verdadero lujo de integrar el vacío en el jardín reside en su percepción sutil: no es un efecto obvio, sino una sensación que se experimenta al recorrer el espacio, permitiendo que la mirada descanse y el entorno no abrume. Un jardín que intencionalmente deja espacio es un gesto de sofisticación contemporánea, un lujo silencioso que resuena con los valores actuales de sostenibilidad y bienestar. Esta visión no solo embellece, sino que también optimiza la relación con nuestro entorno natural.