El debut de San Martín de Tucumán en la Primera Nacional 2026 dejó una sensación agridulce en La Ciudadela. Agridulce por el 0-0 ante un Patronato que ofreció poco, pero sobre todo porque la historia ni siquiera pudo tener un cierre formal: un corte de luz a los 89 minutos dejó al estadio a oscuras y obligó al árbitro Andrés Gariano a suspender el encuentro cuando el cartel luminoso estaba por marcar seis minutos de adición.
Ahora, la pelota pasará al Tribunal de Disciplina de la AFA, que deberá resolver si se juegan los minutos pendientes o se da por terminado. Pero más allá del apagón —que mantuvo el juego detenido casi 40 minutos—, el primer examen del ciclo de Andrés Yllana dejó tela para cortar desde lo futbolístico.
La ilusión y la realidad
El contexto era ideal: estadio colmado, nueva Comisión Directiva y un plantel renovado con nueve refuerzos en el once titular. Sin embargo, con el correr de los minutos, la expectativa chocó contra la falta de claridad. Patronato le cedió el terreno y la pelota al local, pero San Martín no supo qué hacer con ella en los metros finales.
Yllana propuso un esquema flexible. Sin la pelota, el equipo se ordenó en un 4-4-2 compacto; en posesión, mutó a un 4-2-3-1 con mucha movilidad. Allí apareció lo mejor y lo peor del «Santo»: tuvo circulación prolija hasta tres cuartos de cancha, pero se nubló en el «último pase». El equipo abusó del juego interior, congestionando el carril central y olvidándose de las bandas. Los extremos se cerraron demasiado y los laterales apenas se proyectaron, facilitando la tarea defensiva de la visita.
Nombres propios
En el balance individual, Alan Cisnero fue la nota refrescante. A sus 21 años, alternando entre mediapunta y delantero, mostró atrevimiento para encarar. Matías García, por su parte, dejó destellos de su calidad recostado sobre la izquierda, aunque le faltó constancia para asumir la conducción total que el equipo reclama. En el fondo, la dupla de Ezequiel Parnisari y Nicolás Fosa Ferreyra ofreció garantías, un punto alto para construir a futuro.
El desenlace
El segundo tiempo mantuvo la tónica, aunque Patronato se animó un poco más con el ingreso de Kevin López (ex Atlético Tucumán). Yllana intentó reactivar el ataque con los ingresos de Gonzalo “Turbo” Rodríguez y Diego Diellos, buscando empujar más por inercia que por juego asociado. Paradójicamente, la más clara no fue una jugada elaborada, sino una individualidad de Víctor Salazar, que eludió a dos rivales y sacó un remate que el arquero Sosa contuvo con seguridad.
Cuando el partido moría en un empate clavado, llegó el corte. «Justo cuando levantamos el cartel de adición se cortó la luz. Esperamos el tiempo prudencial, pero no volvió», explicó Gariano.
El desenlace abrupto funcionó como una metáfora involuntaria del rendimiento: cuando San Martín insinuaba una reacción final, la luz se apagó. El «Santo» fue dueño del escenario, pero no tuvo la imaginación para dañarlo. El desafío de Yllana será transformar esa tenencia en peligro real, porque en La Ciudadela, el empate siempre tiene sabor a poco.

