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El bioetanol, nuestra “vaca viva” en el Norte Grande: dimos el paso definitivo hacia una nueva ley de biocombustibles
En su columna de opinión, la senadora nacional por Jujuy Carolina Moisés analiza el avance de la nueva Ley de Biocombustibles y plantea al bioetanol como la “vaca viva” del Norte Grande.
Por Tendencia de Noticias · 2026-09-03T16:58:34.240Z

Hoy hemos logrado el dictamen en el plenario de comisiones, dejando al proyecto de nueva ley de biocombustibles en condiciones de ser discutido y votado en el recinto de sesiones del Senado de la Nación. Este hito es el resultado de dos años de un intenso trabajo articulado con los senadores de la región junto a las nueve provincias de la Liga Bioenergética, los productores, trabajadores del sector, el Centro Azucarero Argentino, la Cámara de Bioetanol de Maíz y destacados especialistas en la materia, con quienes logramos una genuina construcción colectiva para llegar a este texto fundamental.
Más corte de bioetanol en las naftas es más producción y más trabajo. Esa es la esencia de un dictamen que eleva el corte obligatorio de bioetanol en las naftas y prioriza las materias primas nacionales, protegiendo la industria nacional.
Hoy terminamos de desarmar además una falacia instalada. Durante demasiado tiempo, la discusión energética argentina quedó atrapada en una falsa disyuntiva: petróleo o biocombustibles. Como si desarrollar nuestros hidrocarburos significara necesariamente resignar el potencial de nuestras economías regionales. Como si hubiera que elegir entre Vaca Muerta y nuestros campos, entre energía y producción, entre desarrollo nacional y desarrollo federal.
Yo creo exactamente lo contrario: Argentina necesita petróleo y biocombustibles. Y necesita, sobre todo, una estrategia que aproveche todas sus riquezas.
Vaca Muerta representa una enorme oportunidad energética para nuestro país. Pero en el Norte Grande tenemos también otra riqueza que se renueva cada año: nuestra producción agrícola y agroindustrial. Una riqueza que nace de la tierra, genera trabajo, moviliza pueblos enteros y puede transformarse en energía. Es, en muchos sentidos, nuestra “vaca viva”.
Para quienes nacimos en el norte argentino, hablar de bioetanol no es hablar de una actividad secundaria ni de una alternativa coyuntural frente a los precios del petróleo. Es hablar de nuestra historia, de nuestras familias, de nuestros pueblos y de una estructura productiva que durante generaciones sostuvo a buena parte de nuestras provincias.
Como jujeña, crecí rodeada de cañaverales y conozco el peso que tiene la actividad azucarera en la vida de nuestras comunidades. La producción sucroalcoholera no termina en el ingenio: detrás de cada tonelada de caña hay productores, trabajadores, transportistas, técnicos, industrias y comercios que forman parte de una verdadera cadena de valor regional.
El bioetanol permitió dar un paso más: transformar esa producción en energía y agregar valor en origen. Y esto no ocurrió por casualidad. Hace casi dos décadas, la Argentina tomó una decisión política fundamental al establecer un marco para el desarrollo de los biocombustibles. Me tocó participar de aquellas discusiones legislativas y también de los debates posteriores para garantizar la continuidad de esa política.
Durante mucho tiempo se quiso instalar la idea de que los biocombustibles no eran viables, que no tenían futuro o que nuestro país no estaba preparado para desarrollar una industria de estas características. Los hechos demostraron lo contrario.
Hoy existe una industria que genera empleo, atrae inversiones, incorpora tecnología y convierte la producción de nuestras economías regionales en energía argentina. Esa experiencia debería dejarnos una enseñanza: cuando existe una política pública sostenida, reglas claras y articulación entre Nación, provincias, productores e industria, podemos transformar nuestras capacidades productivas en desarrollo.
Por eso el desafío es decidir cuánto futuro queremos darle al bioetanol. No volver a discutir si el bioetanol tiene futuro.
Argentina necesita actualizar su Ley de Biocombustibles, establecer reglas previsibles y construir un horizonte de largo plazo que permita invertir, innovar y aumentar nuestra capacidad productiva.
Y tenemos que mirar también lo que sucede en nuestra región. Los países del Mercosur vienen avanzando hacia una mayor participación de los biocombustibles en sus matrices energéticas, con porcentajes de mezcla superiores a los nuestros. Argentina fue pionera y no puede terminar quedándose atrás.
Necesitamos avanzar hacia una verdadera convergencia regional, elevar progresivamente los cortes y aprovechar plenamente la capacidad instalada que tenemos.