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“Santiago Budini mató, huyó del lugar y volvió a burlarse”: por qué la pena fue de sólo diez años de prisión

No quiso matar, pero sabía que podía hacerlo y lo hizo. ¿Merecía una condena más alta? ¿Cuánto pesó su arrepentimiento en el juicio para obtener sentencia cercana a la mínima? El análisis del fallo del caso Federico Toledo

Por Tendencia de Noticias · 2026-09-03T01:23:47.433Z

“Santiago Budini mató, huyó del lugar y volvió a burlarse”: por qué la pena fue de sólo diez años de prisión

Durante más de tres horas, la jueza Isolina Apás Pérez de Nucci desmenuzó la causa por la muerte de Federico Toledo y fundamentó por qué Santiago Budini pasará los próximos diez años de su vida tras las rejas. Aunque por momentos el análisis se volvió dogmático y técnico, las explicaciones fueron necesarias para un fallo no usual, complejo y con pocos antecedentes.

Un homicidio simple con dolo eventual es muy difícil de probar, porque el escenario que se debe escudriñar es la mente del autor del hecho. ¿Quería matar? ¿Sabía él que podía ocasionar una muerte? Si las respuestas son “no” y “sí”, cabe preguntarse entonces ¿ por qué alguien que no quiere matar hace algo que sabe que puede terminar en muerte? Ahí está el punto.

Y no es menor. La diferencia entre esa figura, la que aceptó la jueza Apás y las otras pueden llegar a valerle al condenado toda una vida en prisión.

Santiago Budini no quería matar a Federico Toledo la noche del 20 de septiembre de 2025 a la salida del boliche Hogwarts, en avenida Sarmiento al 1.200, entendió la magistrada en la sentencia que dictó este miércoles. Sin embargo, sabía perfectamente que, si le pegaba, el golpe le podía costar la vida. Y sabiéndolo, lo hizo igual.

De acuerdo a la fundamentación, Budini estaba totalmente capacitado para matar de un golpe. “Sabía dónde noquear y cómo noquear, realizaba la práctica cotidiana de golpes en la bolsa, conforme los guantines y las vendas que tenía preparadas y listas para usar en el bolso con el que entraba y salía a diario”, dijo la jueza y recordó que, en los allanamientos. se encontraron elementos de entrenamiento “y hasta un cinturón negro”. Aunque la defensa argumentó que él no estaba federado, por lo que no podía considerárselo un profesional de la lucha, la magistrada consideró probado que su entrenamiento es “diferente a la media”.

No sólo eso. Budini no golpeó a Toledo en medio de una contexto violento, en el que ya existían agresiones. “No había una situación de miedo, de temor que lo llevó a realizar golpes al azar, a cualquiera que hubiera estado presente. No, los golpes fueron totalmente selectivos. No golpeó a las chicas que estaban a la par, no golpeó a su amigo Ignacio, ni a Facundo, que teóricamente era su cuñado”. explicó.

Y describió la secuencia: Budini primero golpeó a Mateo Martí y le rompió la nariz. El joven huyó, agarrándose la cara y el condenado lo siguió. En el camino, le pegó a Federico (lo mató en el acto) y alcanzó a Martí, que ya estaba doblado por el dolor y volvió a pegarle.

“Decidió pegarle a Toledo, que se encontraba parado, con los brazos al costado y en total situación de indefensión y de desprevención”, explicó la magistrada. Y detalló lo que ocurrió en el cerebro del joven estudiante en ese momento: “un traumatismo encéfalo craneano grave seguido de hemorragia subaracnoidea intracraneal seguida de un aumento crítico de presión intracraneal y el fallo de los centros respiratorios vasos motores que desencadenaron en un paro cardíaco respiratorio central, que le provocó la muerte en el lugar del hecho, todo producto de ese traumatismo encefalocraneano grave inicial”. En palabras más simples: la violencia del golpe le produjo un sangrado dentro del cráneo que aumentó repentinamente la presión interna y le provocó el paro que lo mató. Todo en un instante.

Es decir, Budini no buscó matarlo pero es imposible que un experto luchador no haya sabido que ese golpe podía matarlo, porque entrena a diario y sabe cómo y dónde pegar y dónde no. Lo sabía, entrenaba para saberlo. A eso se suma la indefensión de Toledo, que no sabía que le iban a pegar, que no esperaba la piña, que no la provocó, que no tenía forma de saber que se venía, que no tuvo tiempo siquiera de cubrirse la cara.

¿Por qué lo hizo entonces? Probablemente, porque no le importaba. Cuando vio lo que hizo, huyó del lugar. Pero regresó. “Volvió a mofarse ”, dijo la jueza, que detalló cómo se acercó al lugar y dijo “ ahora le van a tener que soplar el culo ”, en referencia a la creencia popular sobre la forma de revivir a los pájaros.

Budini dijo que, en realidad, cuando volvió, no vio que había una persona muerta y que intentaban reanimarla: creyó que había un sólo herido, Mateo Martí, a quien él mismo le había roto la nariz. La jueza no le creyó. “Esta aseveración carece de cualquier tipo de consistencia y correspondencia fáctica con el video que se reprodujo y con las declaraciones testimoniales, que fueron contundentes en aclarar que Santiago Boudin se acercó mientras estaban realizando tareas de reanimación ¿ante quién? Ante la persona que él había derribado de un golpe ”, dijo.

“Claramente, en el video se puede observar que la motocicleta se detiene en su marcha o la disminuye exactamente a la altura de la parada, de manera tal que no puede en modo alguno hacer creer a las personas que escuchamos su versión exculpatoria que efectivamente no pudo ver el contexto situacional de una persona en el piso y otras reanimándolo”, explicó.

Y agregó que “ él sabía perfectamente que había golpeado a dos personas y que a una la había derribado al momento mismo en que la golpeó. De manera tal que a la otra la había dejado parada, con lo cual, ¿qué tarea de reanimación estarían haciéndole a la persona a la que había dejado solo ensangrentada en la nariz?”.

Todas estas circunstancias sacan a Budini de la figura del homicidio preterintencional, que es por la que abogaba su defensa, y que consiste en provocar la muerte a alguien cuando sólo se pretendía causarle un daño y el medio empleado no debía, racionalmente, quitarle la vida. En la carrera de Derecho se estudia esta figura justamente con un ejemplo parecido: un hombre quiere solo golpear a otro pero, en la caída, la víctima golpea su cabeza contra el cordón de la vereda y muere.