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"Topos", el libro de Alconada Mon que muestra que el mundo del espionaje real es más apasionante que la ficción
El periodista repasó la investigación sobre la pareja de espías rusos que vivieron durante más de una década en nuestro país e incluso tuvieron hijos argentinos para no ser descubiertos.
Por Tendencia de Noticias · 2026-08-21T04:27:19.609Z

Los protagonistas de Topos no toman Martinis ni manejan un Aston Martin acompañados de rubias enloquecedoras. Son hombres y mujeres grises, que pagan sus impuestos, llevan a sus hijos a la escuela y rara vez llaman la atención. Son fácilmente olvidables. Excepto que se descubra el secreto que revela Hugo Alconada Mon en su último libro: son, en realidad, agentes de élite entrenados para robar secretos durante décadas al servicio de la Madre Patria. Espías rusos, como el mismísimo Vladimir Putin en su juventud, antes de convertirse en uno de los líderes más poderosos y despiadados del mundo.
El periodista de La Nación presentó en Tucumán su última obra, “ Topos: la historia real de los espías rusos que tomaron Buenos Aires como base de operaciones ”. En un encuentro mano a mano los jardines de la librería Libro de Oro, en Yerba Buena, Alconada Mon fascinó a más de un centenar de personas con la historia de Ludwig Gisch y María Rosa Mayer Muños, los agentes que vivieron durante más 13 años en la Argentina bajo una identidad falsa.
“Sin derecho a la gloria, para gloria de la Nación” es el lema que guió desde siempre a los espías del Servicio de Inteligencia Exterior de Rusia, versión actual de la antigua y temida KGB. Artem Viktorovich Dultsev y Anna Valerevna Dultseva, tales sus verdaderos nombres, lo asumieron cuando comenzaron el entrenamiento de más de una década que los llevaría al primer capítulo de su misión: formar una familia y una historia de vida en la Argentina que les permitiera ingresar sin sospechas, diez años después, a su verdadero destino, Eslovenia.
A diferencia de sus dos últimos libros, en los que Alconada Mon eligió el formato de novela para relatar historias reales, en Topos vuelve al estricto estilo de la investigación periodística. “Si yo completaba las piezas del rompecabezas que me faltaban con lo que yo especulaba que hubiera pasado, habría terminado arruinando esta historia.Todo lo que está escrito en el libro ocurrió y eso es hermoso”, explicó el autor en diálogo con Tendencia de Noticias.
La obsesiva rigurosidad de Alconada Mon por documentar cada línea que escribe hace de Topos una historia casi adictiva: de verdad hubo espías rusos en nuestro país, con una convicción y una disciplina tan descomunal que nadie nunca sospechó de ellos, ni siquiera sus propios hijos. De hecho, es probable que los hayan tenido sólo para completar lo que se conoce como “leyenda”: la fachada, la falsa vida que un espía construye para que su verdadera identidad no salga a la luz. De hecho, cuando la pareja fue descubierta viviendo ya en Eslovenia, los niños fueron separados de ellos y enviados a una institución. Aún así, no dijeron una sola palabra sobre su misión, ni siquiera para recuperarlos.
Nunca dijeron una sola palabra en ruso mientras vivieron en nuestro país, se cree. Alconada Mon cuenta que a él le tocó la tarea de informarle a la médica obstetra que trajo a los dos niños al mundo que su paciente era una espía rusa: “no me creyó, hasta que le mostré el video publicado por la televisión rusa en que se ve a ambos bajar de un avión y ser recibidos como héroes por el mismísimo Vladimir Putin. Le dije que, sin pedirle que viole el secreto profesional, sólo quería un dato: si ella, en sus momentos de mayor dolor durante sus partos, dijo algo en ruso. ‘Jamás’, me respondió”
Presentado por la periodista tucumana Irene Benito, durante más de una hora, Alconada Mon repasó anécdotas vividas durante la investigación y contextualizó la historia de Topos en el escenario del espionaje mundial. “Es como asomarse a una alcantarilla: uno ve desde afuera y se imagina la inmensidad que hay abajo. Es un mundo desconocido, inabarcable y mucho más apasionante que cualquier historia de ficción de espías”, reflexionó.
Sin embargo, no fue el interés político o histórico el que lo llevó a investigar la historia de Artem y Anna. “ Fueron los hijos ”, dijo. “Sofía y Daniel son argentinos, hablan como argentinos, adoraban a Messi. Un día fueron separados de sus padres y, cuando los volvieron a ver, estaban en un avión rumbo a Rusia. El papá se sentó con el nene y le dijo ‘mi verdadero nombre es Artem, el verdadero nombre de tu mamá es Anna y nuestra verdadera patria es Rusia: sacate la camiseta de Argentina y ponete la roja, que empezamos una nueva vida ’. Cuando bajaron del avión, el mismísimo Putin los estaba esperando”.
El nacionalismo desbordado de los agentes rusos, capaces de anteponer el amor a la Madre Patria por sobre el de sus propios hijos, la disciplina férrea, la paciencia infinita de trabajar durante décadas para llegar sin levantar sospechas a su misión final, la capacidad asombrosa de borrar sus propios pasados y controlar sus emociones; además de la sospecha de la existencia de una red internacional de contención y comunicación con estos agentes fueron los temas que Alconada Mon analizó durante el encuentro.
En lugar de demonizar per se al mundo del espionaje, el periodista contó que nuestro país está lleno de agentes internacionales, que no siempre trabajan para robar datos en desmedro de la Argentina. “Muchos trabajan en colaboración, por ejemplo, en la Triple Frontera, para evitar otro atentado como el de la AMIA”, contó. “En nuestro país hay hombres y mujeres de excelencia que están arriesgando su vida para mantenernos seguros”, dijo. “Y después, tenés los otros, los que mandás a espiar y te mueven el ligustro”, bromeó.
Lejos del glamour de Hollywood, la verdadera historia de los agentes de inteligencia luce, en principio, más monótona y desmotivante. Pero esa es sólo la apariencia, es justamente lo que ellos quieren que veamos. Alconada Mon corre ese velo gris que disfraza de intrascendentes vecinos a los hombres y mujeres mejor entrenados del planeta.