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Tucumán le debe un bronce a sus héroes en el deporte

Victoria Sauze se consagró campeona del mundo con Las Leonas y reabrió una pregunta pendiente: ¿por qué la provincia nunca les levantó un monumento a sus ídolos? Un repaso por las glorias de Tucumán que aún aguardan su inmortalidad.

Por Tendencia de Noticias · 2026-09-03T00:24:24.096Z

Tucumán le debe un bronce a sus héroes en el deporte

La premisa es simple pero tan complicada de desvelar para este humilde servidor: ¿qué debe pasar para que un deportista tenga el reconocimiento que merece? Y mucho más pensando en que ese recibimiento lo puede apreciar, sin esperar que sus años agiganten una obra que ya es enorme de por sí.

Lo de Victoria Sauze es enorme para cualquier deportista, y mucho más si lo llevamos específicamente a Tucumán. Dos medallas olímpicas y un Mundial ahora. Sumado también a podios en Juegos Panamericanos, Suramericanos y Champions Trophy. Lo de Vicky es una hazaña que no entra en un cuadro de honor ni en una vitrina, porque es magnífica por donde se la mire.

De Tucumán Rugby al mundo. Lo de la jugadora de 35 años marca un precedente soñado para cualquier deportista de lo que puede hacer con su Selección Argentina. Una leona de pura cepa que tuvo que luchar contra el desarraigo para llegar a mantenerse en la Selección al más alto Nivel. Se fue con una valija liviana y una convicción de acero, y volvió convertida en la primera tucumana que puede decir, sin exagerar ni un poquito, que es campeona del mundo. Ese título, solo, ya debería tener estatua propia.

El paseo que a Tucumán le falta

En Buenos Aires existe el Paseo de la Gloria, en la Costanera. Estatuas y homenajes a grandes deportistas de Argentina como Gabriela Sabatini, Manuel Ginóbili, Juan Manuel Fangio, Guillermo Vilas, Lionel Messi o Luciana Aymar, que miran pasar el río sin pedirle nada a cambio: ahí están, curtidos por el sol y por el tiempo, pero intactos.

Sin irnos tan lejos, en el Madre de Ciudades de Santiago del Estero están los deportistas con sus estatuas dentro del recinto como el "Chango" Cárdenas, Luis Galván y René Houseman. En el mismo NOA, a un puñado de kilómetros, el bronce ya aprendió a agradecerles a los suyos. La pregunta, entonces, se cae de madura: ¿por qué en Tucumán, con semejante cantera, el máximo gesto sigue siendo una foto de salón y un discurso de cinco minutos?

Un reconocimiento más allá del papel o de una placa. Un reconocimiento que sea del tamaño de los deportistas tucumanos. En la provincia más chica, el talento es enorme, a pesar de muchas veces, las faltas de oportunidades. Acá se hacen campeones a pesar de las canchas rotas, de los viajes eternos y de los presupuestos que nunca alcanzan, y aun así el nombre de Tucumán terminó flameando en podios olímpicos, Mundiales y Panamericanos. Ese contraste —tanta gloria con tan poco terreno fértil— alcanza y sobra como argumento para pedir el monumento.

Una lista que ya pide bronce

Y "Vicky" es un disparador para que se empiece a tomar dimensión de otros deportistas. Mercedes Paz, siendo TOP 28 en singles y TOP 12 en dobles con 3 títulos ganados; Nicolás Sánchez siendo el máximo goleador de la historia de Los Pumas con una dorsal pesada como la 10; Emmanuel Lucenti con sus múltiples medallas en Panamericanos y el diploma olímpico marcando el respeto en una disciplina tan dura como el Judo; Lucas Victoriano formando parte de la generación imborrable, la "Dorada"; Exequiel Palacios, futbolista oriundo de Famaillá y campeón del mundo, o José Tiburcio Serrizuela con su subcampeonato en el ´90, o Don Hugo Ginel que tiene el apodo del "Olímpico" por su participación en los JJOO de Roma 1960. Incluso hasta el ciclismo con alguien que sigue en vigencia como Darío "Mono" Gasco con su participación en Beijing 2008 o en el automovilismo con el campeón imborrable de Nasif Estéfano. Cada uno de esos nombres es un molde esperando que alguien encienda el horno.

¿Qué más puede faltar para perpetuar por la historia a estos deportistas que nos representaron con Argentina en el mundo? Una breve reflexión acerca del tratamiento a nuestros atletas. Antes, durante y el después, siempre hay que acompañar. No alcanza con la ovación del domingo si el lunes el mismo ídolo tiene que golpear puertas para conseguir una beca o una cancha digna donde entrenar. El aplauso dura lo que dura un partido; una estatua, no.

Que empiece a arder el bronce...