Hermann Tilke, el arquitecto de los circuitos de F1, está a cargo de la reforma del Autódromo de Buenos Aires

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El legendario ingeniero alemán Hermann Tilke, responsable de los trazados más modernos y polémicos de la Fórmula 1, tiene un nuevo desafío: rediseñar el Autódromo Oscar y Juan Gálvez de la Ciudad de Buenos Aires. Con su sello inconfundible, el autor de pistas como Sepang, Austin y Bakú desembarca oficialmente en Argentina para encabezar la transformación más ambiciosa en los 73 años de historia del escenario porteño.

Tilke, nacido el 31 de diciembre de 1954, encontró su vocación a los 16 años cuando su tío lo llevó a Nürburgring, el circuito más largo y temido del mundo. Ese “flechazo” con las pistas marcó su vida. Aunque incursionó como piloto, pronto comprendió que su lugar estaba en la ingeniería civil y en el diseño de trazados que desafíen tanto a pilotos como a máquinas. En 1983 fundó Tilke Engineers & Architects, la firma que revolucionó el diseño de autódromos con una visión integral: seguridad, espectáculo y adaptación a la tecnología.

Desde su irrupción en el calendario con Sepang (Malasia) en 1999, Tilke ha creado y modificado más de una docena de circuitos que llevan su impronta, ahora conocidos como “Tilkódromos”. En su currículum figuran Bahrein, Shanghái, Estambul, Singapur, Abu Dhabi, Austin, Sochi, Bakú, Yeda, Las Vegas, y también reformas notorias en Hockenheim, Nürburgring (circuito GP), Fuji, Barcelona y el Hermanos Rodríguez de México. En varios casos, sus rediseños provocaron controversia entre puristas que añoran los trazados originales más rápidos y peligrosos.

La reforma del Gálvez busca inicialmente cumplir con las exigencias del MotoGP, que regresaría al país en 2027. Sin embargo, también es un trampolín para soñar con el retorno de la Fórmula 1. A diferencia del proyecto anterior de 2018, que incluía la zona del lago y largas rectas para coches, esta vez Tilke evitó sectores históricos como los mixtos del circuito 8 y 9, la S del Ciervo, la Bajada Traverso, el Curvón Salotto o la Chicana de Ascari, debido a cuestiones de seguridad para las motos. «Las velocidades allí serían demasiado altas», explicó

El diseño, que aún debe ser homologado por la FIA y la FIM, despertó debate entre los fanáticos del automovilismo argentino. Pero Tilke asegura que su propuesta está pensada para que perdure medio siglo. “Va a quedar un circuito para 50 años”, prometió durante su visita a Buenos Aires, donde participó del anuncio oficial del regreso del Mundial de Motociclismo.

Su hijo y socio, Carsten Tilke, explicó que los proyectos no empiezan con un dibujo, sino con un estudio del terreno. “La topografía define todo: si hay pendientes, si se puede frenar en una zona elevada… esos detalles hacen único a un circuito”, señaló. Como ejemplo citó el Circuito de las Américas en Austin, donde el ascenso hacia la curva 1 genera una experiencia única para pilotos y público.

La seguridad es clave. La normativa de la FIA exige estándares altísimos, pero Tilke reconoce que “nunca se puede alcanzar el 100 % de seguridad”. Por eso, el diseño busca generar zonas de error sin consecuencias graves, curvas exigentes y oportunidades reales de sobrepaso. También se tiene en cuenta la adaptabilidad: “Un circuito debe servir para F1, MotoGP y otras categorías. Siempre hay un compromiso técnico”, remarca.

Tilke también ha tenido que lidiar con plazos extremos (como en Yeda, construido en menos de un año) y condiciones insólitas, como el terreno pantanoso de Shanghái o la convivencia con los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi.

Para Hermann, su circuito ideal incluiría muchos cambios de elevación y zonas donde los autos “se aligeren” al frenar, como ocurre en Nürburgring Nordschleife, Spa-Francorchamps o Bathurst. “Diseñamos uno en Japón, el Magarigawa Club, solo para aficionados, con esas características. Me gusta cuando el coche casi vuela al frenar. Eso hace que correr sea divertido”, resumió.

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