La intimidad de la renuncia del jefe del INDEC

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Dos semanas antes de escribir su renuncia, Marco Lavagna se juntó con el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, por una definición que venía arrastrando desde hacía un año y que había llegado al punto de giro en donde no quedaban demasiados caminos por abrir. O salía el nuevo índice de inflación (IPC) en el que había estado trabajando durante toda la gestión o se iba.

No fue una conversación tan tensa como podría suponerse, pero el ministro repitió como un mantra la voluntad del Presidente: “No quiere el nuevo índice ahora”. Con esa certeza, Lavagna avisó que en ese caso se tendría que ir. No pusieron fechas ni coordinaron métodos. Quedaron en seguir hablando.

El entonces titular del INDEC le mandó un WhatsApp a Santiago Caputo y le avisó del resultado de la reunión. “Javier no quiere, así que lo mejor es que yo me vaya”. Llamativamente, nadie creyó que esa salida sería conflictiva. De hecho, en las reuniones previas de la mesa política en la Rosada el tema no se tocó. Tampoco se habló este mismo miércoles con el conflicto ya indetenible.

“Nadie podría creer seriamente que este Gobierno se va a meter con el índice de estadísticas”, decía en estos días un integrante imprescindible del círculo chico presidencial. Es un razonamiento curioso. El nuevo indicador estaba avalado por el FMI, que tiene ahora mismo una misión en el país y es intrigante saber qué lugar ocupará esta cuestión en su agenda.

Hubo el domingo una última conversación entre Toto Caputo y Lavagna donde volvieron a revisar el asunto, pero ante la consulta presidencial, la respuesta fue la misma. “No mezclar peras con manzanas hasta que no termine el proceso desinflacionario”, graficó después el ministro en una entrevista televisiva. Entonces, el titular del INDEC ratificó la decisión aunque otra vez no coordinaron el cuándo ni el cómo. Así fue como el lunes, los principales funcionarios del Gobierno, con el Presidente incluido, se enteraron por los medios de la carta de renuncia de Marco Lavagna.

Marco Lavagna, extitular del INDEC. (Foto: Télam).
Marco Lavagna, extitular del INDEC. (Foto: Télam).

Esa perplejidad pareció verse cuando desde la Rosada filtraban los vínculos del exfuncionarios con el Frente Renovador de Sergio Massa como un mencanismo bastante curioso de acusación: Lavagna supo construir una relación de confianza y empatía muy cercana con el Presidente y los dos Caputo, Santiago y Toto.

Durante toda su gestión, que venía desde el gobierno de Alberto Fernández, el economista hablaba del nuevo IPC como “su legado”, la razón que lo mantenía en el puesto, el sentido de ocupar esa función y llevarla hasta el objetivo que había empezado mucho tiempo atrás Jorge Todesca a cargo del organismo. Se trataba, sencillamente, de un larguísimo trabajo técnico para adaptar el índice a los esquemas de consumos y gastos actualizados de la población, un objetivo de una dimensión complejísima y delicada. Los resultados de esta ponderación definen demasiado sobre la columna vertebral de esta gestión: la baja de la inflación.

Lavagna solía repetir como un mantra la idea del legado frente a la amargura que le producían los llamados de dirigentes peronistas con los que había compartido la gestión en el período superinflacionario de Alberto y Cristina Fernández: “A ellos, les da bien y a nosotros nos dabas mal”, lo chicaneaban. Es una obviedad aclarar que el índice -salvo cuando estuvo la intervención de Guillermo Moreno- no es manipulable y que el INDEC es un organismo técnico y autárquico.

Esa convicción la puso sobre la mesa de manera cada vez más insistente sobre el despacho del ministro Caputo. Es llamativo su silencio público después de la renuncia. Se ocupó antes de partir de convocar a la mesa gremial del organismo para informar una decisión que nadie esperaba ahí dentro y de comunicarlo en una carta que terminó funcionando como una carta bomba que la Rosada recibió cuando todas las mentes estaban concentradas en la Reforma Laboral.

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