Mar del Plata no tiene una sola personalidad por las noches. A veces se la reduce a boliches y nada más, pero en realidad es más bien una serie de escenarios conectados por un circuito. Y ese es precisamente el punto para quienes vienen de otras partes del país. Una cosa es bailar hasta el amanecer, otra es instalarse en un bar donde poder charlar o terminar paseando con el mar de fondo para bajar el ritmo de la noche.
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Volviendo a la noche marplatense, la primera escena es Constitución. Es el clásico de los clásicos. No porque sea el mejor, sino porque es el más sencillo. Grandes espacios, música alta, filas que a veces se vuelven parte de la escena y gente que va allí con una idea bastante clara de lo que busca. Tiene una dinámica tipo pasillo. Vas, ves lo que hay para ver, caminas unas cuantas cuadras y te quedas donde te más te guste. Es buena idea si soportás las multitudes y el volumen alto. No es del todo recomendable si sos de los que les gusta tener espacio personal y mantener largas conversaciones.
Güemes juega un juego diferente. En lugar de boliches, aquí suele ser un lugar de encuentro para tomar algo, hacer previa o picar algo. Es un lugar donde, el plan es salir a cenar tarde, tomar una copa y ver a dónde te lleva, sin esa sensación de que si no entrás en un lugar determinado, te estás perdiendo algo. Y sí, hay pubs y lugares con música alta, pero el tono aquí es un poco diferente, un poco más de paseo, un poco menos de multitud. Para grupos mixtos, gente que quiere salir pero no necesariamente bailar hasta las seis de la mañana, suele ser un término medio cómodo.
Y luego está el paseo marítimo, que no es tanto un lugar como una costumbre. Muchas veces, sobre todo cuando el cuerpo pide aire fresco, la gente tiende a bajar al mar, dar un paseo, caminar un poco, comprar una pizza para llevar, un quiosco que está abierto, el viento que te despierta por muy cansado que estés. A veces se convierte en una especie de after, otras veces es solo un grupo de personas en la misma onda, matando el tiempo, charlando, viendo la ciudad desde otro ángulo. Pero lo que me parece interesante es que aquí se mezcla todo el mundo, gente que viene de Constitución, gente que sale de Güemes, gente que pasa por el casino, gente que simplemente da un paseo sin ningún plan en mente.
La previa también determina la ruta, aunque nadie se atreve a decirlo en voz alta cuando se organiza el evento. Mar del Plata tiene su estilo de previa: el departamento con la música fuerte, el hielo comprado a toda prisa, el habitual «nos vamos en veinte minutos» que nunca se cumplirá. Y eso, en sí mismo, lo cambia todo. No es lo mismo llegar temprano y tener energía de sobra que llegar muy tarde con las reservas de energía a medio gastar. Si la idea es prolongar el evento, hay una palabra fea que ayuda a lograrlo: dosificar.
Uno de los aspectos que pueden marcar la experiencia, aparte de la zona, es la logística, es decir, la forma de llegar y la forma de volver. En las noches concurridas, conseguir un taxi puede convertirse en un desafío, y caminar también puede ser útil hasta cierto punto. Ir en grupo, tener un punto de encuentro y no olvidar lo básico (documentos, batería, dinero) también puede formar parte de la planificación.
Mar del Plata de noche puede que no sea para todos, y no tiene por qué serlo. Pero si te gusta la mezcla de ciudad, música y gente, y el mar cerca, aquí tenés todo lo que necesitás: Constitución para bailar sin parar, Güemes para un plan más de charla y la Rambla para cerrar la noche cuando la fiesta se apaga en las otras zonas.

